Política

Tras el acto en la UOCRA, se multiplican los pedidos para que Alberto Fernández acerque posiciones con Cristina Kirchner

acto Alberto Fernandez en la UOCRA
Gustavo Gavotti

El acto de la UOCRA que cerró Alberto Fernández el viernes dejó con sabor a poco al grupo que lo rodea. No sólo porque faltó la parte kirchnerista del Gabinete, lo cual era esperable, sino porque sólo se presentó uno de los gobernadores sobre los que se apoya el Presidente, y faltaron todos los intendentes bonaerenses. Frente al cada vez más preocupante panorama, algunas voces del ala moderada empezaron a redoblar los pedidos para acercar posiciones con el kirchnerismo que, a pesar de criticar a la Casa Rosada y al Palacio de Hacienda a los cuatro vientos, evita aún romper puentes.

No es un secreto que varios alfiles del Presidente buscan una ruptura definitiva con el ala que responde a Cristina Kirchner. Pero, en paralelo, otros dirigentes de peso persiguen, desde hace varias semanas, una conciliación. Tienen claro que no pueden plegarse totalmente a la voluntad de la vicepresidenta, lo cual dejaría a Alberto Fernández en una posición de mayor debilidad. Pero plantean la necesidad de empezar a acercarse “desde abajo”, a través de las terminales de poder bonaerense y del interior, y entre las segundas líneas de los gobiernos, donde el diálogo entre funcionarios y dirigentes es más fluido a pesar de las distintas extracciones políticas.

“Recomendaría a los ansiosos por romper que tomen Lexotanil”, dijo, irónico, uno de los hombres que suele dialogar con Alberto Fernández y que ostenta un perfil moderado. Aseguró, con voz firme, que el Presidente “no va a hacer ningún movimiento brusco” porque “está conforme con el modo en que está funcionando la gestión”. Y se mostró convencido sobre la necesidad de mantener la unidad. “Tiene que terminar el conflicto interno, sobre todo porque impide transmitir un mensaje de esperanza”, resumió.

En los días previos al viernes se había dejado conocer una señal de que el Presidente estaba perdiendo apoyos, cuando se impuso el silencio luego de que declarara, desde España, que estaba decidido a ir por la reelección. La falta de respaldo público a esa expresión de deseo fue la antesala de los faltazos de anteayer, que dejaron en evidencia que el grueso del peronismo duda de las posibilidades de Alberto Fernández de imponerse en las urnas en la próxima batalla electoral.

Alberto Fernández y Gerardo Martínez en el acto de la UOCRA
Martínez le dio apoyo al Presidente, pero también le reclamó, frente a su entorno, que solucione la pelea con Cristina Kirchner

La foto del viernes sólo evidenció la debilidad del Presidente, aseguran en algunos despachos de la Casa Rosada y sedes gubernamentales afines. Hoy creen que la única opción que le queda -ya que decidió no romper- es crear un “espacio común de decisiones” con el kirchnerismo.

Uno de los principales adalides de la unidad en los hechos es Gabriel Katopodis, que durante las dos últimas semanas, con Alberto Fernández fuera del país, pero también a su regreso de Europa, protagonizó un verdadero rally por medios afines y críticos del Gobierno para tender puentes con el ala dura.

En una de esas visitas públicas, “Kato”, como lo llaman los amigos, deslizó una idea clara en este sentido. “No estamos para escuchar la opinión de Cristina Kirchner, sino para que participe activamente de toda las decisiones con Alberto Fernández”, sostuvo en una entrevista radial. Fue un pedido más orientado a los oídos del primer mandatario que a los de sus adversarios internos, si bien también constituyó una señal de sus intenciones conciliatorias para el kirchnerismo.

También el propio organizador del acto del viernes en el campo de deportes de la UOCRA, Gerardo Martínez, de alguna manera le hizo saber al Presidente, aunque “con mucho respeto”, que es indispensable la unidad, en los hechos. Sus colaboradores ya habían avisado, en la previa, que no se trataba de un acto “en contra de nadie”.

acto Alberto Fernandez en la UOCRA
Sergio Uñac fue el único gobernador que asistió al acto del viernes. Gustavo Gavotti

A pesar de que ahora parece imposible, no son pocos los dirigentes que trabajan en esa dirección. Exigen que los dos espacios se “hagan señas” antes de avanzar uno contra el otro y creen, aunque no lo parezca, que “es posible”. “La representación es de abajo para arriba. Y desde abajo lo único que nos piden es que no vuelva Macri”, dijo un importante funcionario.

Los diálogos en este sentido están en marcha en “un sinfín de reuniones que no se comunican, pero que ocurren todos los días, con todos”. Estos intermediarios se reúnen con los sindicatos menos afines, con agrupaciones sociales, inclusive con “compañeros camporistas” de menor rango, sobre todo del interior del país. También, con empresarios pymes que tienen buena relación con el peronismo, y con dirigentes de las industrias nacionales como la metalmecánica. “Es gente que busca acuerdo y que no va a esperar a ver qué les dicen Alberto y Cristina. Hay que laburar por lo que se quiere”, dijo un armador.

Del otro lado, uno de los principales argumentos del “albertismo rupturista” es que la mesa de decisiones conjuntas ya existió, en distintos formatos y lugares, con diferentes actores políticos, de manera más amplia, y más acotada, y que no funcionó. Para contrarrestar estas miradas negativas, el viernes, sobre el pasto del campo de deportes de la Uocra, uno de los ministros que dice creer en la unidad deslizó: “La diferencia entre esas mesas y la que planteamos es que ahora es imperioso que funcione”.

Una de las claves de esta propuesta es “crear una agenda propia más definida”, dicen, basados en la idea de que “no hay dos modelos dentro del oficialismo, sino entre el oficialismo y la derecha, que están diferenciados por la mirada sobre el rol del Estado”.

Algunos de los dirigentes que hoy proclaman la unidad se habían entusiasmado, en algún momento, con la ruptura del kirchnerismo. Pero hoy no lo ven posible. Creen que ya pasaron los momentos clave para separarse de la accionista mayoritaria del Frente de Todos, y se vuelcan por conciliar, aunque el precio sea alto.

Los gobernadores

Los gobernadores e intendentes no están en contra del Presidente, pero les cuesta confiar en las posibilidades electorales de un jefe de Estado muy desgastado frente a la opinión pública, como les indican los sondeos de las últimas semanas. De todas formas, la falta de apoyo pleno al Presidente no significa, aclaran distintos referentes del oficialismo, un respaldo a Cristina Kirchner. Sobre todo cuando desde los despachos que funcionan bajo el mando de la vicepresidenta empezaron a promover, por lo bajo, un operativo clamor para promover una eventual candidatura presidencial. No olvidan cómo los trató durante su último mandato, y reprueban la forma descarnada en que los principales espadachines de La Cámpora le marcan la cancha a Alberto Fernández.

Frente a la falta de ofertas que los convenzan en la esfera nacional, en los centros de poder del interior se multiplican las voces que proclaman la necesidad de que vuelva a ocupar el sillón de Rivadavia un gobernador, algo que no ocurre desde 2007, cuando Néstor Kirchner dejó el mando que había asumido, inesperadamente, desde Santa Cruz.

Cristina Kirchner
Los gobernadores condicionan su apoyo a Alberto Fernández, pero desconfían de Cristina Kirchner

Algunos miran con cariño al sanjuanino Sergio Uñac, que recientemente empezó a levantar el perfil con el aval de varios diputados y senadores, inclusive los más identificados con Alberto Fernández. El gobernador peronista aumentó la frecuencia de sus visitas a la Casa Rosada, pero intenta, al mismo tiempo, posicionarse en un lugar neutral. De hecho, hace tres semanas viajó a Israel con el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, el dirigente de La Cámpora que cultiva un estilo moderado para proponer una opción diferente dentro de su espacio. Integrantes de la misma generación, tienen una relación bastante estrecha, aunque quienes lo conocen aseguran que Uñac “no puede ver” a Cristina Kirchner.

El otro presidenciable del interior es Juan Manzur, el gobernador de Tucumán en uso de licencia que llegó a Balcarce 50 después de las PASO, durante el recambio ministerial forzado por Cristina Kirchner, para hacerse cargo de la Jefatura de Gabinete en calidad de “representante de las provincias”. Sus aspiraciones para 2023 quedaron en evidencia desde el momento que pisó la Casa de Gobierno, pero les bajó el tono cuando el Presidente le tiró la bronca por el alto perfil que había empezado a cultivar velozmente.

Desde entonces, durante largos meses se encerró en su despacho, mantuvo en privado todos los contenidos de sus frecuentes encuentros con dirigentes de todo el país, y apenas habló con los medios. Pero desde hace algunas semanas empezó a asomar la cabeza nuevamente, contrató nuevos agentes en su equipo de comunicación y hasta relanzó sus redes sociales. No obstante, busca mantener conforme al primer mandatario en la diaria, y lo defiende en público cada vez que lo considera necesario.

Más allá de las intenciones electorales de cada jugador, el problema de fondo es que los gobernadores e intendentes no tienen plena confianza en la política económica de Martín Guzmán, que les promete un mejoramiento del poder adquisitivo para el segundo semestre sobre el que aún no hay atisbos. En las provincias y los municipios miran con preocupación las encuestas locales y no están convencidos de que haya tiempo para remontar, sobre todo cuando en el horizonte cercano se encuentra el aumento de tarifas y cuando no hay indicios de que la inflación esté por disminuir. Hasta ahora le otorgaban cierto aire al Presidente para sostener al titular de Hacienda. Pero el faltazo al acto de la UOCRA evidenció que en las gobernaciones hay más dudas que confianza.

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